miércoles, 15 de abril de 2026

 



A los 12 años consumía cocaína. A los 14 se emancipó legalmente de su madre.”

Drew Barrymore tenía solo siete años cuando conquistó al mundo en E.T., el extraterrestre. La niña adorable del dedo luminoso se convirtió de inmediato en un icono. Pero detrás de la cámara, su infancia ya se estaba desmoronando.

Nacida en la legendaria familia Barrymore, Drew heredó mucho más que fama. Su entorno estaba marcado por la adicción y la disfunción. Su padre, con graves problemas de alcohol, estuvo ausente de su vida. Su madre, una actriz con una carrera inestable, no supo protegerla de una industria que la convirtió en estrella demasiado pronto.

Cuando Drew se hizo famosa a los siete años, su infancia dejó de estar a salvo. A los nueve ya iba a Studio 54, donde las drogas circulaban con total libertad y las celebridades convertían la noche en rutina. A esa edad ya bebía alcohol. A los diez fumaba marihuana. A los doce consumía cocaína.

Más tarde, Drew resumiría aquella etapa con una frase devastadora: no tuvo verdaderos padres, sino adultos que permitían todo mientras manejaban el dinero.

Su madre la trataba más como a una compañera que como a una hija. En lugar de protección y límites, encontró permisividad y caos. Drew se convirtió en la niña fiestera de Hollywood: famosa por fuera, derrumbándose por dentro.

A los trece años ya estaba profundamente atrapada por la adicción. Fue entonces cuando alguien intervino. La ingresaron en una institución psiquiátrica, donde pasó alrededor de 18 meses entre desintoxicación, terapia y el duro enfrentamiento con el daño de su infancia.

Con el tiempo, Drew diría que aquella experiencia terminó siendo una de las cosas más importantes que le ocurrieron.

Cuando salió, con catorce años, tomó una decisión radical: se emancipó legalmente de su madre. Consiguió su propio apartamento y empezó a hacerse responsable de sí misma en Los Ángeles siendo apenas una adolescente.

Hollywood, sin embargo, no quería saber nada de ella. La consideraban un riesgo: demasiado inestable para las aseguradoras, demasiado polémica para muchos directores.

Pero Drew no se rindió. Hizo trabajos ocasionales, se presentó a audiciones sin descanso y se negó a desaparecer. Poco a poco llegaron papeles más importantes, hasta que en 1998, con El cantante de bodas, el público volvió a enamorarse de ella ya como mujer adulta: divertida, encantadora y cercana.

Drew no quería solo actuar; quería tener control. En sus veintes cofundó Flower Films, su propia productora, y se convirtió en una de las productoras más jóvenes de Hollywood.

Después produjo Los ángeles de Charlie, 50 primeras citas y otros proyectos de gran éxito. Se convirtió en la jefa: produciendo, creando y construyendo una carrera propia.

Drew Barrymore no solo sobrevivió a Hollywood: logró rehacerse dentro de él. Construyó una carrera millonaria, tiene su propio programa y siguió levantando proyectos con su productora. También es madre y ha hablado muchas veces de lo importante que es proteger a sus hijas.

Pero lo más importante que hizo Drew no fue volver a ser una estrella. Fue aprender a criarse a sí misma cuando nadie más lo hizo.

Su historia no trata solo de Hollywood, la fama o la adicción. Trata de negarse a dejar que el pasado decida por ti, de construir la adultez que mereces y de convertirte en la persona protectora que un día necesitaste.

Drew Barrymore no solo sobrevivió a Hollywood: se reconstruyó. Y eso no es solo un regreso. Es una revolución.

Fuente: People ("All About Drew Barrymore's Relationship with Her Mom Jaid Barrymore", 8 de diciembre de 2023)



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